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Metafísica del hombre que está solo

Parte I

Luis Alposta
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DECLARACIÓN JURADA
Escribí estos poemas
escalonando palabras como cartas
en un solitario, hasta que
de pronto adquirieron
un nuevo significado para mí
dentro de contextos inesperados.
No planifiqué mi escritura.
Los escribí para saber
lo que estaba pensando.
METAFÍSICA DEL HOMBRE QUE ESTÁ SOLO
Porque no precisa creer que los demás
son lazos de muerte, muecas para el festejo,
costas de un poema imposible,
para clavarse en una esquina
ciego de expectativas.
Porque para él no hay impiedad ni rencor,
ni voces que enmudezcan:
la esquina, estática de sabiduría,
es una piedra clara tirada hacia el cielo
con puertas más abiertas que la bondad.
Y así, durante siempre,
de la melancolía a la inocencia,
vuelve a encontrarse con la desesperanza
que se alimenta de personas reales
y de esos pájaros saciados
que suelen reptar cerca de la cordura.
LA HIERBA
Uno lleva en el pecho y protegida
la cicatriz que nos reduce el tiempo
como frías estacas o señales.
Ebrio de soledad se lleva el rostro
con los ojos abiertos por si acaso,
y el azul será un nombre limitado
mientras puedan las luces impedirnos
la confesión humilde de la hierba.
BÚSQUEDA Y VUELOS
Allí revolotean, confundidas, pequeñas mariposas,
y un estremecimiento imperceptible
desteje mi futuro.
Por zonas no censadas y entre plátanos blancos,
hoy la plaza se aquieta en un paisaje angosto.
¿Qué sentirán las plazas solitarias y esas
                                    pequeñas mariposas amarillas?
LA TENTACIÓN
Negro sacerdote de la mentira,
voz opaca que alberga el azufrado
aliento de los ángeles lilas,
bajo cuyos mantos relucientes
se ocultan blancos pechos
de otras muertes.
Pasó la noche
y las últimas hojas
ya han caído.
ENTELEQUIAS
Mientras estoy acostado no veo mi sombra.
La luna del amanecer traza su último dibujo.
Florecer es un ocio vital.
Declarada mi conformidad
me levanto.
EL ROSTRO DEL DÍA
Es solamente el rostro del día
su ojo circunstancial,
                                        desamorado
de los superficiales atrios
e impasibles y marchitos espejos.
Es el miedo además
al claro viajero de la luz
que se ha sentado al borde de la ciudad
y ha ganado su árbol,
mientras surgen de lo intemporal,
                                        despaciosamente,
los cercanos fantasmas del ruido.
Claro rostro del día,
antípoda de la oscuridad y del aullido,
leyenda del recuerdo en la vigilia:
Seguirás siendo siempre
un blando oficio de la noche.
SE ABREN LAS VENTANAS...
Se abren las ventanas de la noche.
Hoy es ese momento que se alarga
porque el mundo libera sus leyendas.
Las noches prefijadas. Esas noches
que transcurren perdiendo circunstancias,
libres e inexorables,
hacia un quizás certero
que se mece
en la puntualidad de la mentira.
NOIR ET BLANC
Ese olvido del fuego
que resignado deja al mineral
es un acto piadoso de la luna.
Allí está la frontera de la flor y la anosmia.
Allí se silenciaron
esos veloces ríos de la noche
crecidos y dispersos en cenizas.
Y allí, los que quedaron, no habrán de volver
                                                                             nunca
a tornarse impasibles ante el polvo y la piedra.
Por el camino anduvo alguna boca fresca.
Ya no se oyen silencios de escorpiones.
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Copyright ©Luis Alposta, 2005
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Fecha de publicaciónFebrero 2006
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