http://www.badosa.com
Publicado en Badosa.com
Portada Biblioteca Relatos cortos Las excepciones cotidianas
Ficción incluida en Siete, una selección de los mejores relatos y microcuentos de Badosa.com.

Víctimas

Javier Martín
Tamaño de texto más pequeñoTamaño de texto normalTamaño de texto más grande Añadir a mi biblioteca epub mobi Permalink

Es un por qué lo hiciste y un debiste decírmelo antes. Luego viene ese despectivo siempre haces lo mismo que acaba con una mirada de no tienes remedio. Yo entonces no sé qué decir. Nunca sé qué decir cuando me mira con su mirada de no tienes remedio. Al menos en el primer momento. Porque después de repasar los hechos estoy a punto de murmurar un no hay para tanto, pero enseguida me doy cuenta de que va a ser peor y en su lugar me encojo de hombros y digo ese resignado perdona, no sabía que te lo ibas a tomar así que tanto detesto porque no es sincero. Porque, en realidad, estoy pensando en su enfado sin motivo, en su de todo hacer una montaña.

Lo que más me irrita es su cara de sorpresa, su cara de ni siquiera se me había pasado por la cabeza y luego ese encogimiento de hombros de qué se le va a hacer. Como si bastase un qué se le va a hacer para zanjar la cuestión. En el fondo sé que finge, que tras ese darme la razón se oculta uno de sus insidiosos no hay para tanto. Siempre tiene alguno a mano. Yo me lo siento posado detrás de la oreja, ese no hay para tanto que solapadamente me susurra que exagero, que me insinúa que me da la razón pero que no la tengo. Lo reconozco: eso me pone frenética y entonces adopto inevitablemente una actitud de esto no puede quedar así.

La noto enseguida: esa vaga sensación, ese regusto de no hay para tanto que me viene cada vez que discuto con ella. Pero en lugar de reprocharle su sacar las cosas de quicio trato de hacer las paces. En vano. La siento henchirse de razones y entonces es un tomar carrerilla y golpearme con su sonajero de por qué sí y por qué no y acaso yo. Al final no aguanto más: se acaba mi cruzarme de brazos y le recuerdo que. Y es en ese instante cuando me clava su ira, sus ojos de es el colmo.

Se ha atrevido a sugerir que la otra vez yo. Como si. Y él en cambio. Merece el desdén de mi faltaría más y de mi además qué importa. Él entonces lanza un ofendido no es cierto que no niega nada sino que lo confirma todo. Así se lo hago saber y él me ofrece a cambio el asombro de su pero cómo y su cara de no haber roto jamás un plato. Yo le golpeo sin piedad con un como lo oyes, pero él rápidamente se escuda en ese altanero no fastidies con el que me da la espalda, con el que degrada mis palabras. Luego yo exploto en un a mí con ésas y le plantifico mi por qué, vamos, dime por qué si te atreves.

Se ha defendido con un o sea que yo soy la culpable de todo y entonces es un rodar cuesta abajo de yo no he dicho que y fuiste tú quien y porque pensaba que tú. Y después me sale con ese por qué que se queda en el aire, cruzado de brazos, y ella midiendo la espera con el movimiento del pie, puesta esa mirada impertinente de vamos di algo, que me entran ganas de acabar de una vez por todas y espetarle un porque lo digo yo caray.

Pero en ese momento la veo llevarse un dedo a la boca en señal de no lo digas. Y de pronto es como si los dos hubiésemos traspasado una frontera, como si ahora nos viésemos desde el otro lado del espejo. Asistimos incrédulos al espectáculo de nuestra propia discusión y descubrimos por fin que es el lenguaje quien arma por nosotros las frases. En sus ojos veo reflejado el interrogante de mis ojos cuando me acerca su boca de dame un beso. Yo llevo mi mano a su cintura y nos anudamos en un abrazo de te he añorado tanto y creo que los dos estamos llorando lágrimas de había olvidado cuánto te quiero y luego nos despojamos del lenguaje, que queda esparcido a los pies de la cama, y hacemos el amor como nunca.

Tabla de información relacionada
Copyright ©Javier Martín, 1996
Por el mismo autor RSS
Fecha de publicaciónFebrero 1996
Colección RSSLas excepciones cotidianas
Permalinkhttp://badosa.com/n032
Cómo ilustrar esta obra

Además de opinar sobre esta obra, también puede incorporar una fotografía (o más de una) a esta página en tres sencillos pasos:

  1. Busque una fotografía relacionada con este texto en Flickr y allí agregue la siguiente etiqueta: (etiqueta de máquina)

    Para poder asociar etiquetas a fotografías es preciso que sea miembro de Flickr (no se preocupe, el servicio básico es gratuito).

    Le recomendamos que elija fotografías tomadas por usted o del Patrimonio público. En el caso de otras fotografías, es posible que sean precisos privilegios especiales para poder etiquetarlas. Por favor, si la fotografía no es suya ni pertenece al Patrimonio público, pida permiso al autor o compruebe que la licencia autoriza este uso.

  2. Una vez haya etiquetado en Flickr la fotografía de su elección, compruebe que la nueva etiqueta está públicamente disponible (puede tardar unos minutos) presionando el siguiente enlace hasta que aparezca su fotografía: mostrar fotografías ...

  3. Una vez se muestre su fotografía, ya puede incorporarla a esta página:

Aunque en Badosa.com no aparece la identidad de las personas que han incorporado fotografías, la ilustración de obras no es anónima (las etiquetas están asociadas al usuario de Flickr que las agregó). Badosa.com se reserva el derecho de eliminar aquellas fotografías que considere inapropiadas. Si detecta una fotografía que no ilustra adecuadamente la obra o cuya licencia no permite este uso, hágasnoslo saber.

Si (por ejemplo, probando el servicio) ha añadido una fotografía que en realidad no está relacionada con esta obra, puede eliminarla borrando en Flickr la etiqueta que añadió (paso 1). Verifique que esa eliminación ya es pública (paso 2) y luego pulse el botón del paso 3 para actualizar esta página.

Badosa.com muestra un máximo de 10 fotografías por obra.

Badosa.com Concepción, diseño y desarrollo: Xavier Badosa (1995–2013)