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La Celestina

Tragicomedia de Calisto y Melibea

Quinto auto

Fernando de Rojas
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ARGUMENTO DEL QUINTO AUTO

Despedida Celestina de Melibea, va por la calle hablando consigo misma entre dientes. Llegada a su casa, halló a Sempronio que la aguardaba. Ambos van hablando hasta llegar a su casa de Calisto e, vistos por Pármeno, cuéntalo a Calisto su amo, el cual le mandó abrir la puerta.

Ilustración
CELESTINA. (A solas) ¡Oh rigurosos trances! ¡Oh cuerda osadía! ¡Oh gran sufrimiento! ¡E que tan cercana estuve de la muerte, si mi mucha astucia no rigiera con el tiempo las velas de la petición!1 ¡Oh amenazas de doncella brava, oh airada doncella! ¡Oh diablo a quien yo conjuro, cómo cumpliste tu palabra en todo lo que te pedí! En cargo te soy. Así amansaste la cruel hembra con tu poder e diste tan oportuno lugar a mi habla cuanto quise con la ausencia de su madre. ¡Oh vieja Celestina, vas alegre! Sábete que la mitad está hecha cuando tienen buen principio las cosas. ¡Oh serpentino aceite! ¡Oh blanco hilado! ¡Cómo os aparejasteis todos en mi favor! O yo rompiera todos mis atamientos2 hechos e por hacer, ni creyera en yerbas ni piedras, ni en palabras. Pues alégrate, vieja, que más sacarás deste pleito que de quince virgos que renovaras. ¡Oh malditas faldas, prolijas e largas, cómo me estorbáis de allegar adonde han de reposar mis nuevas! ¡Oh buena Fortuna, cómo ayudas a los osados e a los tímidos eres contraria! Nunca huyendo, huye la muerte al cobarde. ¡Oh cuántas erraran en lo que yo he acertado! ¿Qué hicieran en tan fuerte estrecho3 estas nuevas maestras de mi oficio, sino responder algo a Melibea por donde se perdiera cuanto yo con buen callar he ganado? Por esto dicen: quien las sabe las tañe; e que es más cierto médico el experimentado que el letrado; e la experiencia y escarmiento hace los hombres arteros;4 e la vieja, como yo, que alce sus faldas al pasar del vado, como maestra.5 ¡Ay cordón, cordón! Yo te haré traer por fuerza, si vivo, a la que no quiso darme su buena habla de grado.
SEMPRONIO. O yo no veo bien o aquella es Celestina. ¡Válala el diablo, faldear que trae! Parlando viene entre dientes.
CELESTINA. ¿De qué te santiguas, Sempronio? Creo que en verme.
SEMPRONIO. Yo te lo diré: la rareza de las cosas es madre de la admiración; la admiración concebida en los ojos desciende al ánimo por ellos; el ánimo es forzado descubrirlo por estas exteriores señales. ¿Quién jamás te vio por la calle abajada la cabeza, puestos los ojos en el suelo e no mirar a ninguno, como agora? ¿Quién te vio hablar entre dientes por las calles e venir aguijando como quien va a ganar beneficio? Cata que todo esto novedad es para se maravillar quien te conoce. Pero esto dejado, dime, por Dios, con qué vienes. Dime si tenemos hijo o hija;6 que desde que dio la una te espero aquí e no he sentido mejor señal que tu tardanza.
CELESTINA. Hijo, esa regla de bobos no es siempre cierta, que otra hora me pudiera más tardar e dejar allá las narices; otras dos, narices e lengua. E así que, mientras más tardase, más caro me costase.
SEMPRONIO. Por amor mío, madre, no pases de aquí sin me lo contar.
CELESTINA. Sempronio amigo, ni yo me podría parar, ni el lugar es aparejado. Vente conmigo delante Calisto, oirás maravillas; que será desflorar mi embajada7 comunicándola con muchos. De mi boca quiero que sepa lo que se ha hecho, que, aunque hayas de haber alguna partecilla del provecho, quiero yo todas las gracias del trabajo.
SEMPRONIO. ¿Partecilla, Celestina? Mal me parece eso que dices.
CELESTINA. Calla, loquillo, que, parte o partecilla, cuanto tú quisieres te daré. Todo lo mío es tuyo. Gocémonos e aprovechémonos, que sobre el partir nunca reñiremos. E también sabes tú cuánta más necesidad tienen los viejos que los mozos, mayormente tú que vas a mesa puesta.
SEMPRONIO. Otras cosas he menester, más de comer.
CELESTINA. ¿Qué, hijo, una docena de agujetas8 e un torce9 para el bonete,10 e un arco para andarte de casa en casa tirando a pájaros e aojando11 pájaras a las ventanas? Muchachas digo, bobo, de las que no saben volar, que bien me entiendes. Que no hay mejor alcahuete para ellas que un arco, que se puede entrar cada uno hecho mostrenco,12 [pues] como dicen: en achaque de trama, etc.13 ¡Mas ay, Sempronio, de quien tiene de mantener honra e se va haciendo vieja como yo!
SEMPRONIO. (Aparte) ¡Oh lisonjera vieja! ¡Oh vieja llena de mal! ¡Oh codiciosa e avarienta garganta! También quiere a mí engañar como a mi amo, por ser rica. ¡Pues mala medra tiene!14 ¡No le arriendo la ganancia!15 Que quien con modo torpe sube en lo alto, más presto cae que sube. ¡Oh qué mala cosa es de conocer el hombre! Bien dicen que ninguna mercaduría ni animal es tan difícil. Mala vieja falsa es ésta. El diablo me metió con ella. Más seguro me fuera huir desta venenosa víbora que tomarla. Mía fue la culpa. Pero gané harto, que por bien o mal no negará la promesa.
CELESTINA. ¿Qué dices, Sempronio? ¿Con quién hablas? ¿Viénesme royendo las faldas? ¿Por qué no aguijas?
SEMPRONIO. Lo que vengo diciendo, madre Celestina, es que no me maravillo que seas mudable, que sigues el camino de las muchas. Dicho me habías que diferirías este negocio. Agora vas sin seso por decir a Calisto cuanto pasa. ¿No sabes que aquello es en algo tenido que es por tiempo deseado, e que cada día que él penase era doblarnos el provecho?
CELESTINA. El propósito muda el sabio; el necio persevera. A nuevo negocio, nuevo consejo se requiere. No pensé yo, hijo Sempronio, que así me respondiera mi buena fortuna. De los discretos mensajeros es hacer lo que el tiempo quiere; así [como] que la cualidad de lo hecho no puede encubrir tiempo disimulado.16 E más que yo sé que tu amo, según lo que dél sentí, es liberal e algo antojadizo. Más dará en un día de buenas nuevas que en ciento que ande penado y yo yendo e viniendo: que los acelerados e súbitos placeres crían alteración, la mucha alteración estorba el deliberar. Pues, ¿en qué podrá parar el bien sino en bien y el alto mensaje sino en luengas albricias?17 Calla, bobo, deja hacer a tu vieja.
SEMPRONIO. Pues dime lo que pasó con aquella gentil doncella. Dime alguna palabra de su boca; que, por Dios, así peno por saberla como mi amo penaría.
CELESTINA. ¡Calla, loco! Altérasete la complexión.18 Yo lo veo en ti: que querrías más estar al sabor que al olor deste negocio. Andemos presto, que estará loco tu amo con mi mucha tardanza.
SEMPRONIO. E aun sin ella se lo está.
PÁRMENO. ¡Señor, señor!
CALISTO. ¿Qué quieres, loco?
PÁRMENO. A Sempronio e a Celestina veo venir cerca de casa, haciendo paradillas de rato en rato. E, cuando están quedos, hacen rayas en el suelo con el espada.19 No sé qué sea.
CALISTO. ¡Oh desvariado negligente! Veslos venir: ¿no puedes bajar corriendo a abrir la puerta? ¡Oh alto Dios, oh soberana deidad! ¿Con qué vienen? ¿Qué nuevas traen? Que tan grande ha sido su tardanza, que ya más esperaba su venida que el fin de mi remedio. ¡Oh tristes oídos! Aparejaos a lo que os viniere, que en su boca de Celestina está agora aposentado el alivio o pena de mi corazón. ¡Oh si en sueño se pasase este poco tiempo, hasta ver el principio e fin de su habla! Agora tengo por cierto que es más penoso al delincuente esperar la cruda e capital sentencia que el acto de la ya sabida muerte. ¡Oh espacioso20 Pármeno, manos de muerto, quita ya esa enojosa aldaba! Entra a21 esa honrada dueña, en cuya lengua está mi vida.
CELESTINA. (Afuera) ¿Oyes, Sempronio? De otro temple anda nuestro amo. Bien difieren estas razones a las que oímos a Pármeno y a él la primera venida. De mal en bien me parece que va. No hay palabra de las que dice que no vale a la vieja Celestina más que una saya.
SEMPRONIO. (Afuera) Pues mira que entrando hagas que no ves a Calisto e hables algo bueno.
CELESTINA. (Afuera) Calla, Sempronio, que, aunque haya aventurado mi vida, más merece Calisto e su ruego e tuyo, e más mercedes espero yo dél.
Edición y notas © 2004 by Alberto del Río Núñez
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Fecha de publicaciónJulio 2006
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