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Cartografía de los límites

IV

José Antonio Sainz
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LA MAÑANA SE ENTREGA
con el pulso del júbilo.
Para poder respirar esta luz
—el verdor ingenuo entre las encinas—
es preciso escabullirse
de esa porción de verdad
que a cada uno le pertenece.
Es natural el puntapié al canto,
que no saque las manos de los bolsillos,
que imite los gestos sin prisa
de quien se ha despertado sin memoria.
LANZA UNA MALDICIÓN.
La ducha le reconstruía.
Después de un viaje,
el agua arrastraba la nostalgia
aún caliente
de otro aire pegado a la piel.
A veces, le devolvía
el sosiego de un tiempo inminente.
Ahora, sólo puede maldecir
bajo el chorro imparable de agua helada.
CUANDO SE QUEDA ENTRE LAS SÁBANAS
hasta horas indebidas,
siente el juicio adverso
de la actividad de los otros.
Es fácil
sentir el peso abrumador
de la laboriosidad ajena,
de los gustos ajenos, de su sabiduría.
Cuando por fin se levanta,
se disculpa
con la indulgencia comprensiva
que sentirían los otros.
LLUEVE, SALE EL SOL,
predomina el gris,
se abre inesperadamente el cielo,
como un niño caprichoso,
como un niño,
ansioso, indisciplinado.
Pero llega su hora
y en las nubes
un anaranjado borrón
inaugura el epílogo de otra vida.
Baja la persiana,
enciende la luz
y los muebles
parpadean atónitos de despertar.
Pone un disco,
va a la cocina,
vuelve del cuarto de baño,
coge un libro,
se moja los labios en el cristal,
lee, escucha,
se levanta, mira hacia arriba.
Le detiene un pensamiento.
No hace falta ver la calle
para saber lo que sucede,
lo que habrá de suceder.
La lámpara parece más luminosa.
El silencio, de pronto sorprendido,
le da un protagonismo inesperado.
Se lleva la mano a la sien.
El pensamiento le ha distraído
mientras la última canción se convertía
en un borrón de silencio.
Esta luz inesperada le hace
de pronto consciente
de un cuerpo que se ve
desde arriba, ensimismado,
mientras un tiempo inmóvil le rodea,
aislado de los indicios de todo cuanto existe.
Cierra los ojos
con la parsimonia firme de un rito
y consigue, casi ciego o casi muerto,
ignorarse a sí mismo.
NO ENCUENTRA LO QUE BUSCA.
La permanencia de las cosas
las vuelve invisibles.
Sobre la mesa,
el mismo desorden
repite el simétrico desánimo
de cada día.
No ha cambiado nada.
Por eso no ve
lo que casi roza con sus manos.
COMO UN EXTRANJERO,
no tiene dónde ir.
Como un extranjero,
el presente revela todo cuanto es.
Como un extranjero,
no prefiere esta tierra
a cualquier otra
para alimentarla con sus huesos.
LOS DÍAS HAN DETERMINADO
el encuadre y la dirección del paisaje.
A través de la ventana
se pierden sus ojos en lo que espera.
La ladera de los pinos,
los tejados, el sol
se han convertido en el espejo
que le contempla.
Suspira aliviado y triste
mientras dice adiós
a todo cuento está perdiendo para siempre.
SUBE LA PERSIANA LENTAMENTE
y al volverse
la habitación ha sido poblada
por una luz cúbica
que sortea los muebles
y los acaricia al mismo tiempo.
Sobre los tejados,
la luz no puede apresarse,
no tiene forma.
La mirada camina sobre el vacío.
Se sienta en el sillón
y espera pacientemente
que la luz se remanse sobre él.
LA TEXTURA DEL AIRE
parece afirmar que éste es el lugar:
basta con quedarse en la calle
a respirar hondo la templanza
y el extraño equilibrio de la luz.
En las calles estrechas,
las gentes se sientan a las puertas.
Da una vuelta más,
demorándose en los rincones vacíos,
hacia casa,
hacia el silencio
que espera dentro.
PASA ENTRE LAS MESAS
y levanta la expectación
de un eclipse antiguo.
El actor lee
y la página le multiplica los primeros rayos.
Bajo el televisor, los hombres
continúan su partida eterna.
El río, cerca, con el recordatorio
de su rumor permanente,
el río que casi nada atesora ya de literario.
Pasa de nuevo entre las mesas,
detiene algunas miradas, sonríe,
y su belleza,
no la que en realidad posee,
sino la que imagina
del deseo de gustar,
oscurece el corazón del mediodía.
UNA VIDA NO IMPORTA.
Ni suma ni resta
el orden de las cosas.
Prescindible, insignificante,
cierra los ojos
y las otras vidas
completan el muro
de un parpadeo.
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Copyright ©José Antonio Sainz, 2000
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Fecha de publicaciónEnero 2007
Colección RSSTrasluz
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