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Provincia mayor

(1936-1939)

I

Dimas Mas
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Provincia mayor que el mundo eres
Francisco de Quevedo
ENVÍO
De mí sé decirte que mide
mis palabras una tinta escasa
y las recorto más calladas,
meras líneas que dividen
la clara música del aliento oscuro
en este lienzo confuso,
inocente como una trampa.
Alibi de mi tardanza
son estos dibujos quietos
que esconden en sus pedestales
un mudo tesoro de sombras
húmedas y horizontales.
Y apenas comprendo qué me empuja
en el mapa de tu memoria
a marcar las fronteras de mi olvido
con estos cruceros enmohecidos
que alzan silenciosos
su complicada pasión de tierra.
JORNADA
No hay forma humana
de distanciar el barro
húmedo que se agarra
como los dedos a la mano
haciendo la piel más ancha,
estrechando más fuerte el alma.
Soy una costra blanda
que sostienen los caminos
como los tallos de espinos
a las rosas encarnadas.
¿TE IMAGINAN MIS OJOS
o eres tú sobre el otero
—la línea y el cuerpo
de tu carne absoluta—
quien sonríe, quien agita,
tú, azul sobre el romero,
el recuerdo como un pañuelo
aromado en tu cintura?
ALTO
Es tiempo, tiempo mi carne, toda
de tiempo, sin medida, tiempo
contrario, espuma y roca,
líquida y losa, sólo tiempo
en la sequedad de la boca.
LA DILATADA GEOGRAFÍA
que recorro sobre los mapas
—águila sin alas; dios turbio
y feroz de sangre embarrada—,
¿qué cañadas, bosques y cerros,
qué lomas, vaguadas y cauces
polvorientos imaginará
con sus detallados perfiles
en el lienzo de la memoria?
¿O todo lo arrastrará el río
devastador y sucesivo
del tiempo que nos aniquila?
PROVINCIA MAYOR QUE EL MUNDO
soy, Francisco, y se estremecen
mis fronteras al saberse
adarves de tan poca tierra
y tierra de tan parco fruto.
Yermo soy de sola una hierba
sedienta que extiende
sus raíces hacia la vena
del corazón y alimenta
en mi sangre indefensa
el verdor de la muerte.
Provincia vencida del tiempo
soy, Francisco, sí,
y desierto que se desmorona
como en un reloj la arena
levantando la tumba de su hora.
FRENTE
Hoy o donde estoy
sin esquinas de farolas
suspendiendo en puntos
luminosos las aceras;
sin soportales de amor
que acojan los cisnes
roncos de las dudas;
hoy o donde ciego
del paladar a los ojos
se ha tendido un velo
que esconde el tiempo
pasado de los adverbios.
TENÍA UN NOMBRE CIVIL
en el cielo libre de tu boca,
en el mar sin fondo de tus besos;
un nombre que cruzaba
el puente tendido de tu lengua
hacia las nubes y hacia las olas;
un nombre ebrio de azules densos,
un nombre civil
izado, inmóvil, en mi recuerdo.
TRINCHERA
Te quiero en bala de corazón
que devora la esperanza,
en estampido de noche
larga y aniquilada;
te quiero en sed de ojos
sobre la mirilla de la rabia,
en tensa tiniebla turbia
perdida entre los dedos;
te quiero en sueños de arena
edificado de dientes,
en hombros de hombres
devorados por la rata;
te quiero en vuelo de fango
que confunde los espacios,
en lengua vencida de gritos
circulares y desesperados;
te quiero en luna creciente
hasta llenar las venas,
en sangre que se extiende
distante sobre tu nombre
te quiero, te quiero; apenas
si sólo sé quererte.
SIEMPRE HAS SIDO CONTINENTE
remoto. Ofrenda dilatada
para mis ojos. Descubrimiento.
Realidad de ríos oscuros
y sierras trepando hacia la luz.
Complicado caracol de sendas
intactas bajo el boscaje.
Espacio intenso. Interno
delta de cañas y juncos
musicales. Arenal verde,
siempre has sido continente,
orto y tumba cálida
de mi renacimiento.
HISTORIA
Quizás sea ese sudor tibio,
el silencio incendiado de las bocas,
la saliva sólida del amanecer,
la música jocosa de las rótulas,
las tersas cordilleras del frío,
la barahúnda felina de las tripas,
el reposo desquiciado de los ojos
en la sucesión inmóvil de las noches,
los soles que ensanchan las heridas
en agravio de llama inquisidora;
quizás sea ese vómito de nada,
el olor rayado de los hombres,
la gavilla alerta de los nervios,
la voz trompezada y libre,
la mujer fornicada en el puño,
la sentina tejida del miedo,
el olvido erguido del presente
en los cañones de un ave mortal,
de veloz vuelo detenido y,
quizás sea...
NOCTURNO
¿Hubo otra noche cerrada
con tantos ojos abiertos?
Con tantos sueños despiertos
por la tierra abandonada
arrastrándose en silencios
hacia las luces del alba,
¿hubo otra noche tan blanca
de lunas como misterios?
Brasas de soles nocturnos
devorando las miradas:
terribles fuegos oscuros
de ciegas y claras llamas.
POEMA DEL POEMA
Tenía la belleza urgente
de las palabras compartidas,
la rabia contenida
de los acentos graves,
el ritmo jaleado de las palmas
y el calor del corro cerrado.
Tenía el color de la sangre
y las rimas en ristra
de ecos que devuelven
a los ojos de la cara
el laberinto del alma
en hervor excarcelado
de músicas pasiones.
... y yo estaba ausente.
CENTINELA
La vela del tapiz oscuro
tejo, mágico hilandero,
con la lanzadera inmóvil
de los ojos bien abiertos.
La trama de la vida,
los perfiles de la muerte
guardo, humano Cerbero,
junto a la puerta ancha
sin jambas ni dinteles
de la amenaza estrellada,
del bosque que avanza
su pacífica mentira
contra nuestros cuarteles.
CONFIANZA
De un sueño de mar inagotable
me ha rescatado el temblor helado
de la noche fría en este páramo
azotado por un cierzo constante.
Mar solo de un camino sin retorno
(como un río hacia el horizonte)
recorría de espaldas contemplando
el desierto de espuma que lo encubre.
Y al ver los pasos por donde he venido
hasta este rompeolas de arena
que la nieve apenas ha humedecido,
he visto sobre la tierra una huella
ardiente, un contorno definido,
esperando al mismo pie en su vuelta.
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Copyright ©Dimas Mas, 2005
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Fecha de publicaciónMayo 2005
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