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La Campana Mágica S.A.

Capítulo V

Pedro cierra trato con Humberto Marcel

Ricardo Ludovico Gulminelli
Tamaño de texto más pequeñoTamaño de texto normalTamaño de texto más grande Añadir a mi biblioteca epub mobi Permalink MapaEn un pequeño y acogedor barcito de la calle Jorge Luis Borges, frente a la plaza Serrano
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El martes 20 de abril, Pedro se volvió a encontrar con su padrino.

—Acepto tu ofrecimiento, Zaragozano. Quiero darle una mano a los Galleri y a Clara, espero no ser un lastre para vos.

—Debo confesaros que aunque me place que hayáis aceptado ser mi socio, no quedo conforme. Os veo angustiado como si estuvierais por acceder al patíbulo; no os aflijáis tanto, nuestra función es ecológica: ¿acaso no sabéis que los buitres son benefactores de la naturaleza? No quiero decir que seáis como esas aves de rapiña que Dios las bendiga, después de todo son tan sus criaturas como los seres humanos, no lo olvidéis, si no fuera por ellas y en nuestro mundo por gente como nosotros, ¿adónde irían los restos contaminados y las empresas sin timón? No os quepa duda, mi joven camarada, ¡a la mismísima mierda! Nosotros nos ocuparemos de aprovechar la materia orgánica de esos cadáveres empresariales. Diréis que sacamos provecho de ellos, ¿qué duda cabe? ¿Quién critica a los carroñeros por cumplir su función sanitaria? En cierta forma nuestra función es ecológica.

Los argumentos del Zaragozano no fueron convincentes para Pedro, no le gustaba nada lo que iban a hacer, no pudo dejar de expresarlo:

—Mucho de lo que decís es cierto, padrino, pero no me convenzo de actuar como si fuera un buitre, no es el papel que más me satisface, nunca me interesó demasiado la guita, siempre me gustó más lo humano, lo intelectual...Te podré parecer medio idealista, soy así, por eso creo que más que una ayuda voy a ser una carga para vos.

—Hombre, me estáis dando trabajo... Que vuestro hábitat preferido sea el cultural no significa que las reglas deban ser diferentes, ¿o no sabéis que muchos de los intelectuales más famosos son empleados de los que tienen el poder? No os engañéis, ahijado mío, dadle una ojeada al mundo. La rapiña es casi cotidiana. No olvidéis que al lado de Bush o de cualquier élite que alguna vez haya controlado algún imperio, somos apenas aprendices. Lo único que haremos será apoderarnos de algunos bienes sin lastimar a nadie. Diréis que esgrimiremos una legislación perversa, pero nosotros no la hemos dictado, ¿por qué no nos aprovecharíamos de ella? ¿Qué algunos hijos de puta legislaron como gilipollas? Pues vaya noticia me habéis dado, chaval, ¿qué consideráis deberíamos hacer nosotros?, ¿desaprovechar la oportunidad? ¿Por qué no podríamos lucrar aprovechando las reglas que los poderosos han impuesto en su beneficio? ¿Sólo porque somos insignificantes? ¡Pues que no! Desde ya os lo digo, sobrevivir en esta puta sociedad no es moco de pavo, cachafaz, ni un paseo de fin de semana. Superiores son los seres que se adaptan a las circunstancias... Todos sacan ventaja cuando pueden.

—Ya he decidido aceptar, Zaragozano, no tiene sentido darle más vueltas al asunto, una vez en carrera hay que correr, no me queda otra. Soy conciente de la responsabilidad que asumo, de los riesgos que enfrentaremos, como vos decís, todo no se puede, no creo en el infierno, por ese lado supongo que dormiré tranquilo.

—Quiero que viváis sin apuros, hombre, ¿acaso es tan malo eso? Debéis tener claro que este es un trabajo, ¡grabadlo en vuestra memoria! No penséis en salvaros con un solo caso. Poned los huevos en distintas canastas, de esa manera siempre estaréis a salvo. No seáis soberbio ni os aisléis, no prescindáis de la ayuda que os ofrezcan, tened presente que en algunas ocasiones deberéis lubricar algunas relaciones para sacarles mayor rédito. Los improvisados duran poco en este mundo, os enseñaré todos los secretos de esta actividad, ya lo veréis.

—No creas que no valoro que trates de favorecerme, padrino. Voy a tratar de no defraudarte.

—No me impulsa un ánimo altruista, he aceptado meterme y meteros en este negocio, sólo porque estimo que cumpliremos una regla básica: me habéis probado que desembolsaremos por bienes valiosos, mucho menos de lo que sería un precio razonable; para comprar barato no hace falta tanta ciencia. Quede claro, retoño: en nuestra tan peculiar como clandestina «profesión», debemos comprar casi regalado, mucho mejor que muy barato. La Campana Mágica nos venderá bienes fácilmente realizables a un costo irrisorio, si nos vamos a echar un polvo, mejor que sea con quien nos apetezca, ¿no os parece? Nuestros duros estarán bien invertidos. Conviene transferir rápido los bienes que compremos, así nuestra ganancia será embolsada más pronto, además nunca se sabe si será necesario un repliegue estratégico; siempre es bueno desaparecer de escena oportunamente sin dejar demasiadas señales de por medio. No olvidéis el dicho: una retirada a tiempo es una victoria.

—Habrá que tomar todos los recaudos como vos decís, padrino. La oportunidad que se presenta es muy atractiva, no sé si será común encontrar situaciones tan favorables.

—En este caso, ya hemos hecho la elección de nuestra presa, asociado mío. En el futuro habréis de buscarlas vos mismo, ya que no caerá ningún negocio en vuestros brazos como por arte de magia. Lo que ha sucedido con nuestro simpático matrimonio campanillero es un caso excepcional. En los que nos toquen en el futuro, seguramente deberéis actuar como el león, que cuidadosamente evalúa al cervatillo que va a perseguir y a atacar. Del mismo modo deberéis analizar la esencia y las características de vuestra presa.

—Al menos cambiaste de animal, Zaragozano, prefiero al león antes que al buitre. Sé que para comprar sociedades medio fundidas hay que ser muy cauteloso, hay que acopiar datos, comparar los últimos balances, ver si ha variado la situación económica sustancialmente en los últimos meses, esta comprobación es dificultosa. Las sociedades en crisis suelen actuar en un marco confuso, lleno de falsedades. Es una tarea casi policial, tendré que ganar experiencia. Hay que hacer una especie de auditoría para ver cuál es la realidad, es lo que los ingleses llaman «due diligence». El patrimonio neto que figura en la contabilidad de las sociedades siempre es mentiroso, lo difícil es averiguar cuál es el valor real. Los valores verdaderos casi nunca se incluyen en los balances, ni tampoco el que tiene la empresa en marcha.

Tenéis razón, pero no perdáis de vista lo fundamental: adquirir bienes casi regalados para luego venderlos a buen precio. He aquí el meollo de nuestro negocio, socio mío, no lo olvidéis.

—No es fácil lograrlo, tendríamos que plantearnos, cuánto pagar por los inmuebles elegidos; cuánto costaría comprar la mayoría absoluta de los créditos quirografarios y el paquete accionario de la sociedad que fuera dueña de los bienes. Tendrás que instruirme, padrino. No tengo experiencia en estos temas.

—Tranquilo, rapaz. Os enseñaré a elegir las presas, cuanto más apetitosas y nutritivas mejor, ¿no habéis visto como cazan los leones?

—¿No son las leonas las que se ocupan de conseguir el alimento?

—Hombre, no seas feminista, esos son detalles, ¿has sabido de algún león que ataque a un elefante? Seguramente no, a menos que el gigante paquidermo tenga alguna enfermedad o que se trate de una cría perdida o abandonada por la manada. Las fieras atacan al más débil, al que no ha aprendido aún a correr, al que está herido o enfermo. Un animal de presa jamás correrá riesgos innecesarios, por eso es tan peligroso acorralarlo. Deberéis buscar en la pradera adecuada; en un desierto no encontraréis a ninguna víctima. Tendréis que emboscaros convenientemente, como lo hace el cocodrilo que se guarece en una charca confortable y espera pacientemente que sus víctimas se aproximen a beber.

—Si elegís mal el sitio podés ser boleta, ¿no es verdad?

—Hay lugares en los cuales es frecuente ver empresas en dificultades. Os imaginaréis que me estoy refiriendo a nuestros tribunales. Allí encontraréis ejemplares agonizantes con bastante frecuencia. Os proporcionaré los medios, guiaré tus pasos, haréis el trabajo siguiendo mis instrucciones, confío plenamente en vuestra lealtad. Luego, repartiremos el beneficio.

El Zaragozano abrió una pequeña heladera, sacó una botella de buen champaña, llenó dos copas y le ofreció un brindis a Pedro, diciendo:

—Por el éxito de nuestra incursión en La Campana Mágica, a la que haremos sonar con música celestial, ¡adentro y salud!

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Copyright ©Ricardo Ludovico Gulminelli, 2012
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Fecha de publicaciónJulio 2012
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