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Como el cielo los ojos

Paco 8

Edith Checa
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No sabía que existiera nada de esto. Me regaló algunos poemas cuando éramos novios y después de casarnos, pero nada más. Cuando todo comenzó a ir mal dejó de darme sus poemas. «Mi señor ternura», así me llamaba en la buena época.

«Tu risa, ayer hermosa violeta de atardeceres es hoy tétrica ironía y desprecio. Tú, mi señor ternura, de mirada plácida de mar sereno, eres hoy puñal hiriente a mis sentidos. Tú, mi recuerdo de pasión y romance; primavera de ensueño, amor loco, campanillero de ilusiones. Tú, rosal de dicha, amigo, caminante de mi alma, te despides. Tú, mi señor ternura, te he perdido...»

Yo no me fui, me echó, qué mentirosa. Me echó de su vera boicoteándome la comida. Me echó de casa en el peor momento de mi vida, cuando me quedé sin trabajo. Le tenía que pedir dinero hasta para el autobús, y me boicoteó hasta eso. Lo perdí todo. Y ella. Perdimos la oportunidad.

«Mi señor ternura —decías, nunca nadie me llamó como tú, mi señor ternura, y te apoyabas sobre mi pecho y acariciabas la piel de mis mejillas con tus labios y en un susurro repetías, mi señor ternura, te quiero. Vivías cada una de tus caricias, no las dabas mecánicamente como las solemos dar los demás—. Recorro con las yemas de mis dedos tu enjambre de infinitos volcanes que se yerguen a mi paso, y percibo la fragancia que aflora, con mis pinceladas, de cada uno de tus salvajes valles, y me pierdo en cada bosque que encuentro, desmayada y febril. Recorro con mi boca los perfiles cósmicos de tu inagotable esencia, y tatúo con mi lastre puro de amor infinito cada rincón inaccesible de tu figura, y enardecida por la dicha soy la diosa Venus que desflora tu guarida hasta que pierdes tu identidad entre mis brazos, y deseas, extenuado, morir conmigo...»

¡Este poema no es para mí!, tiene fecha de este mismo año. ¿A quién va dirigido? La nena me contó que salía con un chico y que les veía muy enamorados. ¿Para quién de los que estaban en el funeral están escritos estos versos? Me da rabia que pueda ser para aquél que me apretó la mano hasta casi rompérmela y que me miró con aire de suficiencia. ¿Quién es ese tío?, me gustaría averiguarlo... No, no podré enterarme, es imposible, qué pregunto, y a quién pregunto, y qué digo, ¿un tío con los ojos azules, trajeado y rondando los cuarenta que me dio la mano en el funeral? ¿Quién va a saber decírmelo? Intento recordar... las caras de todos los que estaban. Quiero saber quien es el hijoputa que inspiró a mi mujer para escribir semejante poema.

«...y enardecida por la dicha soy la diosa Venus que desflora tu guarida hasta que pierdes tu identidad en mis brazos...»

¿Qué significa?, es pasional, visceral, erótico. Ella nunca me escribió cosas así, sólo chorradas románticas, tiernas, nada tan bestia. ¡A la mierda con todo! Necesito dormir..., cabrona, a mí nunca me escribió más que tonterías, ton-te-rí-as. ¡Puro romanticismo! Estoy nervioso, he de reconocerlo, ese poema erótico me ha jodido. Porque está claro que es erótico. No soporto que conmigo fuera una frígida y que con los demás se lo pasara de puta madre. Por otro lado no sé por qué me pongo así, está muerta... Pero conmigo era sólo romántica, y frígida, sí, frígida... sobre todo al final, pero aquí dice:

«Percibo la fragancia que aflora, con mis pinceladas, de cada uno de tus salvajes valles...»

Salvajes valles, ¡sus ingles!, claro.

«...y me pierdo en cada bosque que encuentro, desmayada y febril...»

¡Joder!

«...y recorro con mi boca los perfiles cósmicos de tu inagotable esencia...»

Hija de puta, ¡perfiles cósmicos!, a eso se le llama la-punta-la-polla.

«...y tatúo con mi lastre puro de amor infinito cada rincón inaccesible de tu figura...»

Inaccesible..., ¿pero qué dice la tía?, tatúo, no, si encima le hacía marcas la muy sádica.

«...y enardecida por la dicha soy la diosa Venus que desflora tu guarida hasta que pierdes tu identidad entre mis brazos, y deseas, extenuado, morir conmigo...»

Desflora su guarida hasta que pierde su identidad..., ¡eso es darle por culo!, ¡pero qué hija de puta!

Tiene que haber algo entre tanto papel. Tengo que saber a quién se lo ha escrito. ¡Con quién coños se lo hacía de esta forma! Fechas, fechas, sí, hay muchos ¿Quién puede decírmelo? La niña me lo comentó en algunas ocasiones:

«Mamá tiene novio, se llama...»

Se llama... ¡Iñaki!, sí, Iñaki. Y ¿quién coño es ese Iñaki? ¿Quién lo puede saber? ¿Será el que me dio la mano en el funeral con ese aire de suficiencia?, seguro. Berta me lo puede decir, por supuesto. Berta estaba con él, ahora que me acuerdo. Si es él, claro, porque pinta de tío cachondo no tiene, desde luego. La llamaré mañana. Son las dos de la madrugada, las dos de la madrugada del peor domingo de mi vida.

«¿Berta? Hola, soy Paco. Te he llamado varias veces esta mañana y claro, estabas trabajando, ¿no?»

«...»

«Bien, estoy bien. Anoche, cuando se durmió la niña estuve leyendo cosas de Isabel y he encontrado escritos que me gustaría entregar a una persona que tú conoces, el que estuvo contigo en el funeral, Iñaki.»

«...»

«Ah, pero... ¿no es ese Iñaki, el que estaba contigo ayer en el funeral?»

«...»

«¿Quién? Javier... Ni idea, no sé quién es Javier. Entonces, ¿no conoces a Iñaki?»

«...»

«Y ¿tienes su teléfono? O su dirección para mandárselo todo.»

«...»

«Sí, espero —o sea que el que me estrechó la mano y que casi le estrangulo por la mala leche con que me miraba no es Iñaki, el dueño de estos versos, es Javier. ¿Y por qué coños ese tío me miraba así? Me importa un carajo. ¿Pero y si los versos son para este Javier?—»

«...»

«Así, vale, con eso me basta. A ver, dime.»

«...»

«Vale, ya lo tengo. Bueno, corazón, y ¿tú cómo estás?»

«...»

«Ya, lo entiendo, erais superamigas... Esto es horroroso para todos. Imagínate cómo estoy yo, cinco años de novios y cinco de casados, para qué te voy a contar.»

«...»

«La nena, muy mal, no sé cómo va a superarlo, pero la vida sigue. Bueno, preciosa. Ya hablamos... Ah, oye, ese Javier, con el que fuiste al funeral, era su novio o algo así?»

«...»

«Ya... No es que me importe mucho, pero sentía curiosidad.»

«...»

«No, tranquila, no estoy hurgando en sus papeles, sólo que me he encontrado una carta a nombre de Iñaki y quiero mandársela pero no sabía cómo.»

Lo tengo, tengo el teléfono de Iñaki, de ese hijo de puta al que mi mujer mamaba sus perfiles cósmicos y su-i-na-go-ta-ble-e-sen-cia. Y a quien desfloraba hasta que perdía su identidad, ¡encima maricón reprimido el capullo! Voy a llamarle. Quiero conocerle. Quiero verme cara a cara con ese pibe de mierda que tan bien se lo hizo con mi mujer. ¿Pero qué coño le digo?, ¿que tengo cartas para él?, no, no vale. ¿Poemas?, ¿que tengo poemas?, también los tendrá él. ¿Qué cojones puedo decirle? Bueno, ya está, cojo este poema, lo meto en un sobre, pongo: «Para Iñaki. Abrir sólo en caso de que me muera». ¡No, joder!, sólo pongo: para Iñaki. Sin más, y si lo tiene repetido ¡que se lo meta por el culo!, pero yo me quedo a gusto.

«Hola, en este momento no puedo atenderte. Al oir la señal deja tu mensaje y te llamaré.»

«Hola, en este momento no puedo atenderte. Al oir la señal deja tu mensaje y te llamaré.»

«Hola, en este momento no puedo atenderte...» Ahora sin más le dejo un mensaje, ¡ya está bien, el tío!, no está nunca.

«Hola, soy Paco, el ex marido de Isabel, perdona que te llame pero es que he encontrado en su casa un sobre cerrado dirigido a ti y me gustaría dártelo... Por favor llámame, estoy estos días en su casa.»

«Hola, en este momento no puedo atenderte...»

Esperaré hasta mañana martes. Y si no, me dedico a buscar en las antiguas agendas de Isabel, que si no recuerdo mal las guardaba todas y seguro que encuentro la dirección del tío y me presento allí.

Me estoy empezando a hartar de esta espera. Mi suegra se encuentra mal, tiene una de sus crisis y no puede moverse. Entre eso y que no quiere deshacerse tan pronto de las cenizas de su hija, esto se alarga demasiado. Tengo cerrado desde el jueves y estoy perdiendo dinero. Debo largarme cuanto antes.

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Copyright ©Edith Checa, 1995
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Fecha de publicaciónDiciembre 1998
Colección RSSNarrativas globales
Permalinkhttp://badosa.com/n052-p08
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