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Como el cielo los ojos

Paco 6

Edith Checa
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«Se asomó a la terraza desde donde vio perfectamente bien los desperdicios que habían dejado los basureros tras llevarse las bolsas. El corazón le dio un vuelco. Pensó que le habían atracado. Que estaría tirado junto al portal, muerto. Se asomó todo lo que pudo por la barandilla para ver el portal. Comprobó que no estaba allí. Sintió vértigo y frío y se metió de nuevo en casa. Esta vez dejó de pensar cosas horribles como tantas otras veces. Llegó a la conclusión de que se había marchado de juerga. Así de sencillo, de juerga. Eran las cinco y media de la madrugada. Tenía que llegar pronto, antes de las seis y cuarto para no ser descubierto. Entró en la habitación para ver a Elena. Dormía. Volvió a su habitación y cerró la puerta para que todo estuviera igual que cuando él lo dejó. Se metió en la cama con una fuerte taquicardia. “Dios mío, ¿qué es esto? Es capaz de irse, de dejarme, y encima de cerrar la puerta sabiendo que así no me entero si la niña llama.” Intentó no hacer ruido con la respiración para no perderse ni un sonido de la casa por leve que fuera. Así consiguió, minutos después, oir cómo metía la llave en la cerradura y despacito abría la puerta. Conteniendo la respiración, oyó cómo se quitaba la ropa y la hebilla del pantalón chocaba contra el suelo. “Hazte la dormida a ver qué te dice, hazte la dormida.” Andrés se metió en la cama, estaba helado.

»—Qué frío estás.

»—Sí, me he quedado pajarito en el salón. Por poco me quedo frito. Duerme cariño que mañana tienes que madrugar.

»—Mañana, pero si son casi las seis. ¿Cómo te has acostado tan tarde?

»—Ya te lo he dicho, he leído varias horas y casi me duermo. Tengo frío. Venga, duérmete.

»—¿De dónde vienes, Andrés?

»—¿Cómo que de dónde vengo?

»—Sí, de dónde vienes, me he levantado y no estabas en casa.

»—¡Eh!, ¡eh!, ¿qué te pasa?, encima de que bajo la basura.

»—Mentira, me he asomado a la terraza y no estabas.

»—Se me ha ido el tiempo volando y cuando he querido bajar ya habían pasado los basureros, he cogido el coche y he intentado alcanzarles varias calles más arriba. Pon fin les he pillado. Lo he hecho para que no me echaras la bronca. Estoy harto de tus broncas. ¡No hago nada, no se hacer nada o todo lo hago mal! Por no oirte me he vestido y he salido pintando tras el camión de la basura.

»—¡Estás loco! ¿Piensas que me lo voy a creer? Es mentira. Es una mentira como una casa. ¿Pero qué te has creído, que soy idiota? Te has ido de juerga, y no sólo hoy, sino cada día de la semana, y ahora he descubierto que incluso los días que libras. Ahora recuerdo que lo de la basura ha pasado siempre. ¡Es tu coartada!, y hasta hoy no te he pillado. Nunca el día que libras te duermes conmigo. Siempre te quedas a leer y no bajas la basura como cualquier vecino a las diez, sino cuando te da la gana. Claro, ¡luego te vas de juerga!, ¿no?

»Marta se levantó de la cama, estaba a punto de llorar, pero tampoco esta vez podía permitirse ese lujo. Estaba dispuesta a todo, ya no podía más. Era despreciable. Su matrimonio era una mierda, había terminado. Él se levantó de la cama y la abrazó pidiéndole perdón.

»—Es verdad, Marta. Me he ido con mis amigos. Era la despedida de soltero de Carlos. Tú no le conoces, pero, ¡joder!, cualquiera te decía que quería irme con ellos. Te juro que no lo volveré a hacer: ¡mala leche!, jamás, te lo juro, nunca he hecho esto y hoy vas y me pillas. Soy un imbécil, siempre me pillas. Perdóname, pero tú no me hubieras dejado ir con mis amigos. Habríamos tenido bronca, era la despedida de soltero de Carlos.

»—¡Mientes, mientes! No te aguanto más. Todo es mentira. ¿Cuántas veces te has marchado y has tardado horas en volver con la excusa de que el coche se te había estropeado; con que te has encontrado con alguien; con que ha habido un atraco en el metro justo a última hora y has estado en comisaría? ¡Estoy harta de tanta mentira!, todo es falso. El otro día hablé con Carmen y disimuladamente toqué este tema con ella. No tiene queja de su marido, a las dos en punto está en casa, encima me dijo que salís a la una y media.

»—¡Mira de quién me has ido a hablar!, del mosquito muerto de Ramón. ¿Sabes que Ramón tiene otra tía?

»—¿Qué dices?

»—Que le pone los cuernos a su mujer con otra tía, y ¿te fías de lo que te diga ella? Su marido está pronto en casa por las noches. ¡Claro!, porque luego por la mañana se va al taller de reparaciones en el que se tira a la vecinita de enfrente y ¿sabes cuánto tiempo lleva tirándosela?

»—¡Calla!

»—Tres años y la pobre Carmen sin enterarse, y yo ¿qué?, ¿que me voy de juerga con los amigos? Deberías estar contenta puesto que ni vengo borracho ni me voy de putas.»

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Copyright ©Edith Checa, 1995
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Fecha de publicaciónOctubre 1998
Colección RSSNarrativas globales
Permalinkhttp://badosa.com/n052-p06
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